viernes, 29 de octubre de 2010

El PAIS

el país se jodió cuando Gustavo Díaz Ordaz escogió para sucederlo a Luis Echeverría: al final de su sexenio, la deuda externa creció casi cinco veces (19 mil 600 millones de dólares) y de 4.69 en 1970, la inflación pasó a 27.2 en 1976.

Después, Echeverría seleccionaría para sucederlo a su amigo de la adolescencia, José López Portillo.

La docena trágica marcó el fin del "milagro mexicano".

Un manejo irresponsable de las finanzas públicas llevó a Echeverría a despedir a su secretario de Hacienda, Hugo B.

Margain y a alardear: "Las finanzas públicas se manejan en Los Pinos"; después, López Portillo anunciaría que el nuevo desafío de México era "cómo distribuir la abundancia", cuando abandonó el poder, dejó al país sumido en una profunda crisis.

En ese escenario de desastre llegaron Miguel de la Madrid, los tecnócratas y el fundamentalismo económico que llevó a una privatización indiscriminada y tramposa de empresas públicas: Telmex, la joya de la corona.

Son los años, que no terminan aún, del dictum de que la mejor política industrial es no tener política industrial; los años de una apertura irracional a mercancías extranjeras que han herido de muerte a ramas completas de nuestra industria (calzado, textiles, juguetes, artesanías…) Pero hay otros momentos de quiebre.

En el periodo 2000-2006, El bato con botas dilapidó el enorme capital político que le había reportado el bono democrático; dejó escapar el momentum del cambio que se vivía en el país.

En vez de impulsar una renovación de la vida pública, gobernar con austeridad y eficacia, la pareja presidencial se dedicó a exhibir su precariedad ética y cultural por todo el mundo, y a tolerar abusos de propios y extraños.

Han sido muchos los intentos de joder al país, pero a pesar de todo, México sigue en pie, vivito y coleando.

La irresponsabilidad de la clase gobernante y la indolencia de la sociedad no han terminado con el país, mayor, en mucho, a sus dificultades.

www.twitter.com/alfonsozarate

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