viernes, 22 de octubre de 2010

El mexicano todo lo perdona


Carlos Monsiváis expresó en una ocasión:

“El mexicano todo lo perdona, menos el éxito ajeno”.

Entre las particularidades que tenemos se menciona que no sabemos trabajar en equipo (por que nuestros logros son casi siempre individuales).


Otro rasgo es la inmadurez. La toma de nuestras desiciones es casi siempre subjetiva y la mayoría de nuestros problemas son culpa de otros.


Somos conformistas. Otro de nuestros males es la simulación. Los estudiantes simulan aprender de maestros que simulan enseñar.

No aprendemos de nuestros errores. Nuestro crecimiento urbano, irracional, anárquico, se explica por la ausencia de planeación.


La improvisación y la corrupción han definido el ensanchamiento absurdo de poblados y ciudades, la construcción de asentamientos humanos en las márgenes de ríos que se desbordan, en las laderas de montes que se desgajan o sobre minas de arena; y después de las tragedias humanas y materiales, de la pérdida de vidas e infraestructura, vuelven a levantarse viviendas en los mismos sitios, por la irresponsabilidad de los moradores y la corrupción de las autoridades.

Hace falta una justificación teórica fuerte para aceptar estas aseveraciones pero hace falta salir a la calle para comprobarlas y eso no necesita mayor explicación

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